8/1/13

Y eso

          Lo más doloroso es volver a la rutina de poner un solo plato en la mesa o hacer comida para uno. Que no haya nadie que te coja la cintura de forma traviesa cuando estiras las sábanas, o al que decir “abre las ventanas, que huele a sexo”. Es esa amarga sensación de notar que te falta una mano que sujetar cuando caminas por la calle, o que la ducha se te queda grande. Es como… joder, le echo de menos. Y eso.

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